la mafia no descansa

foto: archivo el comercio

El descalabro en Nuevo Perú

Publicado: 2019-10-31

Empezaré esta reflexión haciendo explícita mi posición de enunciación. Soy simpatizante del Nuevo Perú, tengo amigos cercanos ahí y me disponía a hacer campaña por esta agrupación en el 2021. Ni soy ni he sido militante, tampoco he contribuido en lo más mínimo a la organización del partido ni a la recolección de firmas.  

Me parece que la cúpula del Nuevo Perú ha cometido un error estratégico al promover y luego concretar la alianza con los partidos de Vladimir Cerrón y Yehude Simon. Han apostado por seguir la línea que pedía el trabajo partidario de base, a costa de la lógica de posicionamiento en la opinión pública. Esta ha sido una decisión consciente, pero en mi opinión mal calculada. Si el proyecto del Nuevo Perú es construir una plataforma nacional de dirigentes políticos izquierdistas, la maniobra tiene sentido. Pero si el objetivo es -como yo creía- ganar las elecciones en el 2021, lo que han hecho ha dañado de forma severa la imagen de Verónika Mendoza y las posibilidades de captar votos en el centro político y los sectores urbanos más articulados con el mercado.

El texto de Martín Tanaka, “Los espejismos de la democracia…”, de 1998, es muy ilustrativo sobre los cambios en la política peruana que acompañaron al cambio de modelo económico a comienzos de los noventa. Uno de los argumentos ahí es que en los años ochenta había una lógica “electoral movimientista” que privilegiaba las alianzas políticas, las redes de dirigentes, las negociaciones entre cúpulas. Mientras crecía el hartazgo de la ciudadanía frente a la inoperancia y privilegios de los partidos, avanzaba una lógica “electoral mediática”, que privilegiaba la imagen de los candidatos y usaba a los medios de comunicación como caja de resonancia. Y en esa lógica colapsaron los partidos y emergió la opinión pública como ámbito central de la disputa política.

En los últimos años, el Nuevo Perú acumuló capital político nacional gracias al papel de su líder en las elecciones de 2016 y la buena performance de sus congresistas más visibles, sobre todo en los sucesos del 30 de septiembre de 2019. En paralelo se desarrollaba una lógica partidaria mucho más invisibilizada: las comisiones temáticas, los comités territoriales, los esfuerzos por construir un partido. Mientras los congresistas tenían salarios, responsabilidades públicas y mucha prensa, el aparato partidario hacía esfuerzos organizativos sin contar con presupuesto, ya que al producirse la ruptura con el Frente Amplio, este último se quedó con todo el financiamiento público post elección 2016.

La comisión política promovió y concretó la alianza con los otros partidos a través de una votación del Consejo Nacional. Las redes de izquierda organizada, las personas que van a todas las reuniones y sufren carencias para promover un proyecto de cambio izquierdista en el país, decidieron que convenía participar en las elecciones a través de la alianza. La lógica fue que no se debía dejar el espacio libre a la mafia. Y que los “puristas” que no querían una alianza con Cerrón (por sus declaraciones misóginas y su sentencia firme por corrupción) eran en realidad un grupo reducido de liberales limeños, que no tienen ningún peso electoral. A todo esto hay que sumar que había muchos dirigentes interesados en tentar una candidatura.

Como dije, pienso que la lógica detrás de esta decisión es equivocada. Así como los liberales de twitter no tienen peso electoral, los cuadros politizados tampoco. Es difícil saber cuál grupo tiene mayor capacidad de amplificación, pero me inclino a pensar que el destino de este giro a la izquierda en Nuevo Perú lo que hará será aislar al movimiento. Con suerte las bases captarán votos como para meter algunos congresistas. Pero dudo mucho que con la imagen de oportunismo, tibieza frente a la corrupción y las credenciales dañadas en términos de derechos de minorías, puedan llegar muy lejos. La imagen positiva de consecuencia, firmeza y progresismo construida con mucho esfuerzo por la performance de Mendoza y la bancada se tiró por la borda, al menos en la opinión pública de nivel nacional. Y a cambio de esto aparece un panorama sombrío: esta será una campaña cortísima, el logo no es conocido, Nuevo Perú solo podrá presentar -con suerte- 20% de candidatos en las listas.

Lo que no se comprende es: ¿por qué no se vieron esfuerzos más claros por conseguir el registro electoral? Los requisitos eran altos y las trabas del JNE son reales, eso no se discute. Pero no quedó una imagen de una gran campaña para la inscripción. Tampoco se entiende cuál fue el liderazgo de Mendoza en esto. Cuando se produjo la ruptura del FA, la consigna era conseguir una inscripción propia. Si no se podía lograr la unidad de la izquierda con Marco Arana, ¿qué les hace pensar que es mejor idea buscarla con Vladimir Cerrón?

En resumen, la decisión privilegió las bases que pedían participación electoral y generó un pasivo en términos de imagen pública del Nuevo Perú. La idea de que hoy en día un movimiento “con la gente” y lejos de “la gran prensa” puede competir en las grandes ligas políticas me parece errada. Más aún, me parece que los promotores de esta decisión están leyendo mal la política en el país. Están sobredimensionando el poder de las bases movilizadas y cayendo en la fantasía de un “campo popular” interesado en la militancia partidaria. Así como la burbuja de las redes sociales es mala consejera, también lo son las reuniones híper politizadas con gente que piensa muy parecido que uno.


Escrito por

Juan Luis Dammert B.

Ph.D en Geografía (Clark University, Massachusetts) y Licenciado en Sociología por la PUCP.


Publicado en

Ecología Política

Todos los proyectos ecológicos son simultáneamente proyectos político-económicos, y viceversa. David Harvey.