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Mi tío Lete Dammert

26 de marzo de 2021

Publicado: 2021-03-26

Mi tío Manuel “Lete” Dammert falleció ayer, de covid, en el Hospital Rebagliati. Era el hermano mayor de mi papá. Tenía dos hijas, un hijo y varios nietos. Murió a los 72 años. 

Lete era mi tío el político profesional, el importante dirigente de izquierda. Alguna vez mi papá me comentó que Lete llevaba esa vocación desde el colegio. Fue uno de los líderes destacados de esa generación de izquierda peruana que hoy está vieja, que es población de riesgo y que debería escribir sus memorias. Fue una generación vibrante, que hizo política partidaria, activista, con discusión intelectual febril y mucha producción académica. La mayoría de ellos, como Lete, buscaron la revolución por la vía de la democracia y de la paz, pero ese proyecto quedó descolocado con la tragedia desatada por Sendero Luminoso y el MRTA. Y luego el proyecto revolucionario se hizo todavía más difícil frente al estilo político que inauguró el fujimorismo, las credenciales de éxito que mostró el sistema económico liberal y la ascendente cultura del individualismo y la informalidad.

En ese contexto, buena parte de los contemporáneos de Lete, tal vez por la coincidencia entre la crisis política y la crisis de los cuarenta, se refugiaron en las ONG, en las universidades, en organismos multilaterales o en lo que cada quien buenamente pudo conseguir. Digamos que muchos se aburguesaron. No los critico, y menos los juzgo. Yo mismo me gano la vida en esas redes universitarias y oenegeras y, para colmo, le huyo a cualquier esfuerzo de organización política partidaria.

Mi tío Lete no se aburguesó. Siguió en la misma línea hasta el final. A pesar de sus cargos públicos de representación, su visibilidad, sus capacidades, su amplio reconocimiento como profesor en San Marcos, y, sobre todo, a pesar de las dimensiones de las luchas que protagonizó, Manuel Dammert no se enriqueció con la política. Nunca aflojó en su vocación por defender, con hechos, los ideales en los que creía. Continuó hasta el final con sus luchas, siempre comprometido con la causa de la justicia social. Entabló batallas concretas como la defensa de los derechos de los trabajadores portuarios y la defensa del interés público en las decisiones más relevantes sobre recursos naturales, con énfasis en el petróleo y el gas. Llevó siempre un estilo de vida austero.

De esa generación, sobre todo entre aquellos con orígenes relativamente acomodados, fueron pocos quienes se dedicaron exclusivamente a la política activa, a través de cargos de elección. Uno de los principales referentes de ese grupo fue Javier Diez Canseco, otro fue Manuel Dammert. Varias veces los tíos de izquierda que son mis amigos me han tratado de explicar por qué había divisiones entre las líneas partidarias de uno y otro, o por qué había sido tal o cual pelea interna insuperable. En la última temporada, varios de estos cuadros, incluyendo a mi tío, confluyeron en el apoyo a candidaturas como las de Ollanta Humala y más recientemente, Verónika Mendoza. Como siempre, hubo muchas diferencias tácticas y estratégicas. Pero ahora, visto en perspectiva, está claro que se pasaron cinco décadas remando en la misma dirección, aunque no siempre en el mismo barco. Por eso digo que deberían escribir sus memorias.

Mi relación personal con Lete fue buena. Lo he visto desde que tengo uso de razón, en todas las navidades, en los principales recitales musicales de mi papá, en almuerzos familiares. En las últimas décadas conversamos sobre política. En las reuniones familiares yo siempre buscaba la ocasión para acercarme, conversarle de actualidad y por ahí sacarle un dato o una interpretación sobre la coyuntura. Siempre conversaba de buen humor, a veces también usaba un chiste para cortar la conversación elegantemente.

Recuerdo haberlo contactado para cosas políticas concretas solo un par de veces. Una vez le pedí que me ayude a ponerme en contacto con Yehude Simon y Yohny Lescano, a quienes tenía que hablarles de palma aceitera y el Acuerdo Energético Perú-Brasil, respectivamente. La otra vez que lo contacté fue cuando se discutía en el Congreso el primer pedido de vacancia de PPK, la famosa vacancia exprés. Mi posición en ese momento era que había que salvar a PPK frente a lo que se veía como un ataque mafioso del fujimorismo para vengarse por la derrota electoral. Todavía no se sabía lo que haría Kenji y una posibilidad aparente era que Lete vote por la vacancia y con ese voto esta se consume. Él se había pasado años acusando a PPK de lobbysta, por temas portuarios, petroleros y, sobre todo, del gas de Camisea. PPK lo llevó a juicio por difamación y ganó en primera instancia, lo cual implicaba que Lete debía hacer un pago millonario por reparación. Al final, mi tío apeló y ganó el juicio. Pero con estos antecedentes, era un misterio cómo votaría en la vacancia exprés de su adversario político. Así que, por única vez, me di la libertad de escribirle al chat, para expresarle mi posición y pedirle que piense en la institucionalidad del país, etc. Me dejó en visto. Finalmente, los congresistas de Nuevo Perú se retiraron en bloque antes de la votación. Meses después, en el siguiente intento de vacancia, antes de que PPK renuncie, Manuel Dammert fue uno de los denunciantes más acuciosos en destapar los detalles del caso Westfield Capital y First Capital.

Mi tío Manuel Dammert dejó de ser congresista cuando Vizcarra disolvió el Congreso. Ahora no podía reelegirse. Con la pandemia, dejé de verlo, tanto en las reuniones familiares como en el espectáculo de la política nacional. Caigo en cuenta que, en realidad, hace tiempo dejé de ver a casi todos los adultos mayores que conozco. La muerte de Lete Dammert me hace ver con más claridad la enorme tragedia que estamos viviendo. Y en estos tiempos oscuros, el político profesional deja un legado brillante de consecuencia política, amor por el país y vocación de servicio. Te vamos a extrañar, Lete.


Escrito por

Juan Luis Dammert B.

Ph.D en Geografía (Clark University, Massachusetts) y Licenciado en Sociología por la PUCP.


Publicado en

Ecología Política

Todos los proyectos ecológicos son simultáneamente proyectos político-económicos, y viceversa. David Harvey.